Colgante Santa cruz de Caravaca 3×2 cm

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Colgante Santa cruz de Caravaca

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Descripción

Colgante Santa cruz de Caravaca

 

Esta colgante Santa cruz de Caravaca es un amuleto contra la energía negativa, originaria de Caravaca de la cruz (Murcia), protege contra el maligno, el mal de ojo y la envidia.

El colgante Santa cruz de Caravaca es muy efectivo, es un símbolo muy potente en la religión católica.

Está acompañada de bolsa y oración. Ritualizada se entrega con bolsa y cordón de cuero de 50 cm.

Medidas: Largo  3 cm –  ancho  2 cm

 

El colgante Santa cruz de caravaca funciona muy bien, pero en casos muy complicados recomendamos el Ritual Santa cruz de Caravaca

Ritual Santa cruz de Caravaca

Santa cruz de Caravaca

 

La Cruz de Caravaca es, según la tradición cristiana, una reliquia de la Cruz en la que Jesucristo fue crucificado y que encontró Santa Elena.

Se conserva en un relicario con forma de cruz patriarcal de doble brazo horizontal (de 7 cm el superior y de 10 cm el inferior) y de uno vertical (de 17 cm), en la Basílica del Real Alcázar de la Vera Cruz en Caravaca de la Cruz (Región de MurciaEspaña) y es patrimonio religioso de la Real e Ilustre Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

Según la leyenda, la Cruz –originalmente perteneciente al primer patriarca de Jerusalén tras la conquista de la ciudad a los musulmanes– fue milagrosamente llevada al castillo-santuario de Caravaca por dos ángeles, los cuales también forman parte de la imaginería que compone la cruz.

Dominaba entonces en la taifa de Murcia el emir Ibn Hud, que extendía su poder por gran parte de Al-Andalus. Como llegase a Caravaca una partida de cautivos cristianos, el emir de la ciudad, Ceyt Abuceyt, preguntó al clérigo Ginés Pérez Chirinos, que venía entre ellos, cuál era su oficio.

Respondiendo éste que lo suyo era celebrar misa, el emir mandó que se aparejara lo necesario para satisfacer su curiosidad sobre el ritual cristiano.

Al decir el sacerdote que precisaba de un crucifijo para tal menester, aparecieron dos ángeles que, transportando el relicario con el Lignum crucis, lo colocaron sobre el improvisado altar. La milagrosa aparición hizo que el emir y toda su corte se bautizaran.

Once años después de la aparición de la Cruz, el reino murciano pasó al vasallaje del rey castellano Fernando III el Santo (1243-1244).

La Cruz sirvió de bandera y talismán contra ulteriores ataques andalusíes, en especial los llevados a cabo por Muhammad ibn Nasr, emir de Arjona y Granada. Con ello, Caravaca se consolidaría como bastión de la frontera hispano-islámica.

 

 

Durante la invasión napoleónica, la Cruz permaneció oculta por miedo a la rapiña que caracterizó a las tropas francesas. La Cruz fue objeto de un robo sacrílego en 1934.

Los ladrones hurtaron la sagrada reliquia y el relicario que la contenía (donación de la Casa de Alba en 1777), dejando abierta la arqueta que guardaba a ambas y que donó en 1390 D. Lorenzo Suárez de Figueroa, Maestre de la Orden de Santiago.

Jamás se descubrió la autoría del hecho. Tras la Guerra Civil Española, en 1942, el papa Pío XII concedió a Caravaca un nuevo Lignum crucis. La ciudad celebró con grandes fiestas el restablecimiento de la reliquia.1

La devoción a la Cruz de Caravaca fue extendida por todo el orbe cristiano –incluidas PoloniaFranciaAlemaniaInglaterra, América, etc.– merced a la Compañía de Jesús.

En algunas partes de América, la Cruz es usada en rituales de santería, vudú, candomblé, palo y otros ritos sincréticos, principalmente entre población afrodescendiente.

La ciudad de Caravaca de la Cruz celebra las Fiestas Patronales de la Santísima y Vera Cruz del 1 al 5 de mayo, reproduciendo con actos, procesiones y desfiles de Moros y Cristianos, el pasado medieval y religioso de la ciudad.

En la mañana de Los Caballos del Vino, el día 2 de mayo, se rememora la leyenda de la ruptura del sitio musulmán a la fortaleza cristiana por unos caballeros templarios.

Dada la necesidad de bebida potable, por estar los pozos contaminados por los sarracenos, los cristianos llevaron a la fortaleza unos pellejos de vino atados a un caballo.

De este modo rompieron el cerco andalusí y, ya a salvo, ese vino fue bendecido por la Cruz y echado a los pozos, purificando el agua y dejándola apta para el consumo.

Esta tradición se rememora el citado día, cuando las peñas caballistas caravaqueñas engalanan un caballo y eligen a cuatro representantes para correr una carrera en la cuesta de acceso al santuario de la Vera Cruz.

 

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Información adicional

Peso0.050 kg
Dimensiones0.20 × 2 × 3 cm

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